Una característica clave de los nuevos modelos es la capacidad del lavavajillas de “sentir” el nivel de suciedad en los platos y ajustar el agua y la potencia en consecuencia. Por lo tanto, las cargas ligeras con platos bien raspados usan menos agua que los que están muy sucios. Cualquier lavavajillas fabricado desde 2011 que cueste más de 500 euros estará equipado con trampas de suciedad. Un sensor de suciedad no sólo ofrece la máxima eficiencia, sino que también permite que los platos se limpien satisfactoriamente, independientemente del grado de suciedad.