Las imágenes violentas no necesariamente incitan a los individuos a convertirse en lunáticos sedientos de sangre, y aunque puede haber un impacto de estas imágenes, es modulado por la mirada personal del observador El espectador no es sólo una esponja pasiva bajo el yugo de su entorno, sino que está en constante interacción con él, por lo que es perfectamente capaz de relativizarse.